El otro dia estaba hablando con un amigo sobre Mushu, Mushito es un perrito que rescatamos en la fundación y decidí adoptar pero al darme cuenta lo feliz que es viviendo donde mi mamá decidí dejarlo con ella y la conversación fue un poco así:

LV: Estoy visitando a mi otro hijo

FM: ¿Cómo así? ¿cuantos tienes?

LV: Dos, pero Mushu no vive conmigo, vive con mi mama

Fue en ese momento que comprendí lo fuertes que somos quienes trabajamos o somos voluntarios en fundaciones pues no hay amor más puro que el que se da sin condición, sin esperar nada a cambio, el amor sin expectativas simplemente dando lo mejor de nosotros sin importar el resultado. Muchos se preguntaran “pero como puedes amar un animalito y después de tenerlo en tu casa simplemente entregarlo a otra familia?”, puedo decirles que NUNCA es fácil, sin importar la cantidad de veces que se haga pero cuando el amor viene desde lo más profundo del corazón nuestro único fin siempre será buscar lo mejor para ellos, la mejor recuperación, la mejor comida, la mejor familia y eso a veces implica dejarlos ir. 

Si, esa es mi frase favorita, una de mis mantras de vida “amar también es dejar ir” y déjenme explicarles un poco más qué significa esta frase…

Muchas veces llegan perritos a la fundación de los cuales me enamoro rotundamente, luego analizo bien la situación y comprendo que, por más enamorada que esté, seguramente hay una familia destinada a encontrarse con este peludito y pienso, realmente estoy dispuesta a darle MUCHO MÁS de lo que esta familia podría darle? Tristemente en mi posición como directora de la Fundación Dogs & Hugs esto implicaría no poder recibir nunca más otro perrito de paso y eso es algo que no estoy dispuesta a hacer (hasta el momento), pero eso no significa que no los ame, que no quiera lo mejor para ellos, que no piense en ellos todos los días…

Otra situación podría traerse de enfrentarnos al momento de dejarlos partir de este mundo, NUNCA es fácil decidir esto pero cuando el amor es profundo y entendemos que no podemos ser egoístas con otro ser que está sufriendo, más que facilitar la decisión, simplemente resulta ser la más obvia y clara en nuestros corazones.  

Estamos acostumbrados a amar de forma posesiva (y más con nuestras mascotas)  y hemos olvidado que la base de un amor sano es la libertad, y ahí queridos amigos es cuando comenzamos a ver que la frase “si amas algo dejalo ir” es absolutamente cierta. Muchas veces llegan perritos a la fundación muy enfermos, y por más que hagamos todo lo que está a nuestro alcance simplemente no podemos evitar lo inevitable, la clave siempre está en la empatía, en ponerse en la posición del otro y preguntarse “qué me gustaría que pasara si yo estuviera en esta situación?”

Creo que así como los animales aprenden de nosotros, la realidad es que somos nosotros quienes deberíamos aprender más de ellos, somos nosotros quienes deberíamos aprender a amar de la forma en que ellos aman, sin esperar nada a cambio, sin guardar rencor, sin miedo y sin expectativas. Pues no existe un amor más puro que ese, y estoy convencida que si todos aprendiéramos a amar de esa forma la vida sería un poquito más alegre para todos, pues ni existe un amor más puro que el amor de un perro.

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